
Cuando la mentalización se interrumpe bajo presión emocional, la mente no queda en blanco: regresa a formas más primitivas de procesar la realidad. Fonagy, Bateman y Campbell del Anna Freud National Centre denominan estas configuraciones “modos pre-mentalizadores”, porque son paralelas a las formas en que los niños pequeños procesan el mundo antes de haber desarrollado plenamente la capacidad de mentalizar. En los adultos, cada modo pre-mentalizador emerge como respuesta de supervivencia cuando el estrés supera la capacidad reflexiva disponible. Existen tres modos principales, y cada uno representa una falla distinta en la integración entre la realidad interna y la realidad externa.
1er Modo pre-mentalizador: Equivalencia psíquica. Cuando el pensamiento se convierte en hecho
En el modo de equivalencia psíquica, la mente y el mundo se fusionan. Lo que se piensa o se siente adquiere el mismo estatus que un hecho externo verificable: no existe el “como si”. Una persona que funciona en este modo y piensa “soy horrible” no lo experimenta como una creencia que podría cuestionarse; lo experimenta como una certeza con el mismo peso que cualquier dato sensorial.
Clínicamente, este modo se manifiesta en la rigidez psíquica, en la incapacidad para tolerar perspectivas alternativas y, en los casos más intensos, en el riesgo de estados pseudodelirantes: el mundo se vuelve aterrador porque los miedos internos se materializan en él. El ejemplo que atraviesa la literatura clínica es ilustrativo: un paciente ve a su terapeuta mirando el reloj por preocupación del tiempo y concluye, sin posibilidad de duda, “no soy querido”.
2do Modo pre-mentalizador: Modo simulado. Palabras sin anclaje en la experiencia
El modo simulado —o pretend mode— representa el polo opuesto: la mente se desconecta de la realidad física. El individuo puede hablar extensamente sobre sus emociones, construir narrativas elaboradas sobre su vida interior, incluso utilizar el vocabulario de la psicología con fluidez, pero todo eso ocurre desacoplado de la experiencia afectiva real. Los sentimientos están presentes como conceptos, no como vivencias.
Dos variantes de este modo son particularmente relevantes en la práctica clínica. La seudomentalización se presenta como habla excesiva sobre estados emocionales que produce la ilusión de reflexión sin cambio real —”la rueda girando en la arena”. La hipermentalización implica atribuir estados mentales a otros con una elaboración que supera cualquier evidencia disponible: “sé exactamente lo que estás pensando” se formula con una certeza que descansa, en realidad, en la imaginación más que en la información.
3er Modo pre-mentalizador: Modo teleológico. Solo lo físico tiene estatus
En tercer modo pre-mentalizador, el modo teleológico, los estados mentales sólo son reales si se traducen en resultados físicos y observables. El afecto, el cuidado, el amor —ninguno existe si no hay una acción tangible que lo demuestre. Esto explica comportamientos que a menudo se interpretan como manipulación y que, desde este marco, son intentos de supervivencia existencial: “si no me contestas el mensaje, no te importo” no es una estrategia calculada sino la expresión de un sistema que solo puede reconocer la intención a través de sus consecuencias físicas.
Los tres modos coexisten y se entrecruzan dentro de una misma sesión clínica o de una misma interacción cotidiana. Identificar cuál es el modo pre-mentalizador dominante —y qué polo de la mentalización está desequilibrado— es el primer paso para restaurar la capacidad reflexiva.
Bibliografía citada:
- Fonagy, P., & Target, M. (2000). Playing with reality: III. The persistence of dual psychic reality in borderline patients. International Journal of Psycho-Analysis, 81(5), 853–873.
- Bateman, A., & Fonagy, P. (2004). Psychotherapy for borderline personality disorder: Mentalization-based treatment. Oxford University Press.
- Allen, J. G., Fonagy, P., & Bateman, A. W. (2008). Mentalizing in clinical practice. American Psychiatric Publishing.
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